Marlon Becerra, todo él, es una vergüenza completa. Su nombre, para no ir muy lejos, es un intento muy mal logrado de llamarse Marlon Brando. Él hizo lo que pudo y se dejó el nombre, pero internacionalizar el Becerra si le quedaba bien de pa’ arriba. Yo de él me hubiera cambiado a un nombre digno de mi apellido, algo como Raúl o Nelson.
Nelson Becerra rimaría mucho mejor con ese pelo típico de un hombre que se niega a aceptar el paso de los años y cree que al usarlo largo y desparpajado se ve más juvenil. No mi querido creador de sonrisas falsas: todo lo contrario, se ve ridículo acomodándose esas mechas cada vez que habla. Y ya que le declaré mi odio, le digo públicamente que los Converse tampoco le lucen y menos de color agua marina, no sea pretencioso: usted está lejos de verse como un hombre madurito e interesante, recuerde que todavía sufre de acné juvenil.
Su estilo le da para poco, sobre todo en televisión. No sé si a sus pacientes les guste que les meta las mechas en la boca cuando les está haciendo una profilaxis, pero para ser una persona agradable en la pantalla chica se necesita por lo menos carisma. En el mejor de los casos, a usted le habría ido bien como doble de sonrisa de Lorenzo Lamas en el Renegado. Por fortuna para nosotros, ese nefasto programa se acabó; pero para nuestra desgracia, usted creyó que teniendo un talk show podría revivir la nostalgia de aquellos años con su patético look.
Pero más allá de su apariencia física a mí lo que más me ofende en lo profundo de mi alma es que don Marlon se jure presentador de televisión y que además quiera parecer interesante y buen entrevistador. Querido Marlon, lamento informarle que usted como presentador es muy buen odontólogo, u ortodoncista, o esteticista de sonrisas, o lo que sea.
Yo de verdad puedo entender que uno tenga una profesión frustrada o un sueño inconcluso, pero los sueños, sueños son. El hecho de que a mi me hubiera gustado ser bailarina de ballet no tiene nada que ver con que ya entrada en años me vaya a ver bien metida en un tutú. Gracias a Dios no hay que hacer realidad las fantasías porque donde el Tino Asprilla hubiera soñado con ser miembro de la Real Academia de la Lengua...¿?
Yo invito a don Marlon a que se quede limpiando dientes, poniendo brackets, mezclando alginato y como él mismo dice “haciendo sonreír a las personas de adentro hacia afuera”. Lo invito a que apele a la sensatez y reconozca que es de quinta que en su programa sólo paute su unidad dental y que le arregle los dientes a los invitados a cambio de que se dejen entrevistar o que vuelva a un paciente un posible entrevistado (como el caso de la viajera que llegó a su consultorio de chepa y a la que le dedicó un programa).
...Y si el problema es que no sabe qué hacer con la millonada que gana a punta de diseños de sonrisa que cuestan un ojo de la cara, pues siga de nuevo rico: cómprese camionetas blancas, esculturas en bronce para el jardín de su casa y por qué no, incrústese usted mismo oro en los caninos...Pero por amor a Dios no se patrocine su propio programa de televisión.